martes, 10 de noviembre de 2009

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1. Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

2. No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

3. En ninguna circunstancia olvides el célebre dictum: «En literatura no hay nada escrito».

4. Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

5. Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

6. Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

7. No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

8. Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

9. Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

10. Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.

11. No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

12. Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratara de tocarte el saco en la calle, ni te señalara con el dedo en el supermercado.


Augusto Monterroso, Guatemala, 1944 - 2003

martes, 3 de noviembre de 2009

I was a soldier

I was a soldier.
I went to a battle and lost it.
I went to the war and also lost it.
And I went to the mother of all wars and -my God!- I lost it.

Then I left the army and became a p1p4-s0ld13r.

And I went to the battle and won it.
And also to the war and won it.
And finally I went to the mother of all wars and -guess it- I won it.

Wanna know my name?
I enjoy sleeping in the darkest caves.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Aterrizando entre algodones

Aterrizo entre algodones, nubes torrenciales que acunan el pescado.
Ahora, aquí, hace más frío. Yo siento más frío.
Los planes vuelven a alargarse, las decisiones se comparten y yo, yo aún no estoy aquí.

viernes, 23 de octubre de 2009

jueves, 22 de octubre de 2009

miércoles, 21 de octubre de 2009

Aire libr3

Si algo me gusta, es vivir.
Ver mi cuerpo en la calle,
hablar contigo como un camarada,
mirar escaparates
y, sobre todo, sonreír de lejos
a los árboles...

(Blas de Otero)

jueves, 8 de octubre de 2009

¡Lo important3 3s cont1nu4r si3ndo am1g4s!





¡hasta el fin de nuestras vidas!

AMIG4S PAR4 SI3MPR3

miércoles, 7 de octubre de 2009

Extrañada

Me extraño en pieles ajenas y observo sus poros,
volcanes multitudinarios con vida propia.
Respiran y son partes ajenas a nuestra voluntad,
puntos ingrávidos de un cosmos relativo.

martes, 6 de octubre de 2009

Pelo verde... o naranja?

... mmm... pues... igual el pelo verde es divertido... naranja tampoco está mal ¿no?
Al nacer, Rosa era blanca, lisa, sin arrugas, como una muñeca de loza, con el cabello verde y los ojos amarillos... El tono de su piel, con suaves reflejos azulados, y el de su cabello, la lentitud de sus movimientos y su carácter silencioso, evocaban a un habitante del agua. Tenía algo de pez y si hubiera tenido una cola escamada habría sido claramente una sirena, pero sus dos piernas la colocaban en un límite impreciso entre la criatura humana y el ser mitológico.
LA CASA DE LOS ESPÍRITUS, Isabel Allende